Devociones Trinitarias

Como toda Orden de origen medieval, la de la Santísima Trinidad ha hecho parte de acervo una serie de devociones que han pasado a la piedad popular y que se conservan como herencia de las tradiciones vividas y celebradas en la Casa de la Santa Trinidad desde finales del siglo XII.



Santísima Trinidad

Juan de Mata y Félix de Valois, fundadores de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos, conforman en su vida el lema trinitario: “Gloria a Dios Trinidad y a los cautivos libertad”; no es de Dios quedar impasible, lejos de los espacios de dolor de las personas, que acaban refugiándose en una religiosidad paralizante, y tampoco es de Dios el activismo que olvida la necesidad de la gracia y del contacto con Cristo, demasiadas veces justificado por el deseo de hacer justicia y cambiar el mundo. El lema trinitario, la vida de Juan  y Félix, la acción liberadora de los trinitarios a lo largo de la historia, son la respuesta a una llamada de Dios para no separar en la vida mística de acción, la gracia del remedio, la contemplación de la praxis.

Es justamente aquí donde descubrimos la importancia y tradición de la Virgen María en nuestra Orden. Una antigua tradición, ampliamente representada en cuadros y relatos poéticos de la Orden, parte del hecho histórico de que Félix de Valois quedara como Ministro (Superior) de la Casa de la Trinidad de Cerfroid (primera casa trinitaria, cercana a Paris) mientras Juan de Mata y otros hermanos trinitarios realizaban en lejanas tierras la obra de la redención de cautivos. Celebrando los maitines de la Natividad de la Virgen, la noche del 7 al 8 de septiembre, se cuenta que los hermanos se quedaron dormidos, vencidos por el cansancio del trabajo en el hospital de pobres, todos excepto Félix, que al desasosiego de la escena pudo unir la alegría por contemplar a la Virgen María y a decenas de ángeles acompañando su oración. Desde entonces en todos los coros de rezo de trinitarios y trinitarias se colocó una imagen de la Virgen en el lugar que correspondía al superior, como símbolo de que es ella quien preside y acompaña en la oración, como ya hiciera con los primeros discípulos en el cenáculo. Esta tradición es la que ha unido el título de Nuestra Señora de Gracia a la Orden Trinitaria, poniendo de relieve la contemplación y la oración para recibir y extender la gracia de Dios, para poder rescatar auténticamente a los hermanos sin libertad. Esta advocación mariana se extendió con más fuerza en la reforma trinitaria de San Juan Bautista de la Concepción, ayudándonos a recordar que la liberación de las personas sólo es total si le unimos la recepción de la gracia, de otra manera simplemente estaremos rompiendo cadenas, pero no haremos realmente una obra de redención.

Hay otra tradición ligada a los orígenes de la Orden Trinitaria, esta vez a la figura de Juan de Mata. A la llamada de Dios para la redención de cautivos sigue la alegría por la respuesta y el desconcierto por los medios para realizarla. La actividad redentora de la naciente Orden Trinitaria se convierte en un verdadero quebradero de cabeza para Juan de Mata y los primeros trinitarios redentores, no sólo tienen que conseguir el dinero suficiente para comprar la libertad de los cautivos sino que además deben realizar el viaje a lugares que están en guerra con los cristianos, y convencer a los que tienen esclavos musulmanes para que les liberen y así poderlos cambiar por esclavos cristianos. Toda una empresa llena de riesgos e incertidumbres, para la que Juan encuentra pocas soluciones. Y es aquí donde se sitúa la tradición más conocida y recordada de la Virgen María con los trinitarios. Según cuenta, mientras Juan de Mata paseaba por una playa cercana a Marsella, totalmente abatido por la falta de dinero para la obra de la redención, se le apareció la Virgen María y le dio una pequeña bolsa con dinero suficiente para el rescate de los cautivos cristianos, prometiéndole que nunca le faltaría su auxilio y remedio. Es así como los trinitarios se consagraron desde aquel momento a Nuestra Señora del Remedio (o de los Remedios) como patrona de la redención, representándola con una pequeña bolsa en su mano derecha. A partir del Concilio de Trento, a la imagen se une el Niño Dios en la mano izquierda, incluso en muchas de las imágenes se elimina la bolsa con dinero, porque el Niño, Jesucristo, es realmente el precio de nuestra Redención, pagado por Dios para el rescate de toda la humanidad. Y ella, María, es y sigue siendo el Remedio para ese rescate, Corredentora y Medio de salvación.

Desde el siglo XII hasta el XXI la Orden Trinitaria ha mantenido esta doble praxis: contemplación y acción, que ha encontrado su reflejo en los fundadores, Juan y Félix, y también en su devoción y tradición mariana: Nuestra Señora de Gracia y Nuestra Señora del Remedio. A todos nos recuerda que la liberación de nuestros hermanos, toda la ayuda que les podamos ofrecer, se queda hueca y vacía si no nace de la gracia, de la contemplación, de la liberación interior en cada uno de nosotros; nos recuerda que antes de poner remedio a los males y tristezas que encontramos a nuestro alrededor, debemos sentir el amor y la ternura de Dios en la gracia que derrama en el corazón; nos recuerda que María, como aquella tarde en Caná de Galilea, nos invita a escuchar y a hacer, porque ella es Gracia y es Remedio.

Pedro J Huerta Nuño
Trinitario

En 1682 los redentores españoles Miguel de Jesús María, Juan de la Visitación y Martín de la Resurrección dieron la libertad a 211 cautivos, recogidos en Mequínez, Fez y Tetuán, y rescataron a su vez 17 imágenes sagradas (15 esculturas y dos cuadros) que estaban en las mazmorras musulmanas. Para el rescate de las quince imágenes, el rey de Fez exigió el canje de quince moros cautivos en Ceuta y Málaga, los trinitarios pagaron por los moros y los enviaron a Fez, consiguiendo así la redención de las imágenes. Del mismo modo que hacían con los cautivos redimidos, como signo de haber pagado por ellos el rescate exigido, colocaron a las imágenes el escapulario con la cruz trinitaria.

La principal de las diecisiete imágenes rescatadas fue la de Jesús Nazareno, de estatura natural, con las manos cruzadas adelante y túnica tafetán morado. Se desconoce el origen de la imagen, ni se sabe cuándo, cómo, ni quién la llevó a Mámora. Las muchas leyendas que a lo largo de los siglos han rodeado esta imagen no son más que eso, leyendas. Lo que sí es cierto es que participó en la procesión de cautivos de Madrid y la imagen fue expuesta en la iglesia de los trinitarios descalzos de Madrid, donde pronto le construyeron una suntuosa capilla. Los duques de Medinaceli, D. Juan Francisco de la Cerda y Doña Catalina de Aragón y Sandoval, concedieron de limosna el 2 de octubre de 1686 al convento trinitario "un sitio de cuarenta y cuatro pies de longitud y doce pies de latitud para hacer y labrar en dicho sitio una capilla de la milagrosa imagen de Jesús Nazareno del Rescate, aplicando dicha capilla al patronatoo de sus Excelencias".

A esta imagen está ligada estrechamente la fiesta del Santísimo Redentor, que se celebra en la Orden Trinitaria cada 23 de octubre desde el siglo XVIII. Pronto todas las casas de trinitarios descalzos encargaron copias de aquel Redentor rescatado, y hasta el día de hoy es, tal vez, una de las imágenes del Señor y devociones trinitarias más extendidas en el mundo. Muchas cofradías y hermandades de penitencia se fundaron en las casas trinitarias descalzas en torno a esta imagen.

A causa de la exclaustración general de 1835, los trinitarios tuvieron que abandonar su casa e iglesia de Madrid. En 1891 se hicieron cargo de la capilla los franciscanos capuchinos, que en 1930 levantaron un nuevo templo consagrado poco después como Basílica de Jesús Nazareno de Medinaceli, nombre que adoptó a finales del siglo XIX a causa del patronazgo de la casa ducal homónima, pero que no corresponde con la historia de la imagen.

Tomado del libro "Librertad a los cautivos" del P. Bonifacio Porres, osst

San Simón de Rojas funda el 21 de noviembre de 1611 la Congregación de Esclavos del Dulce Nombre de María, una de las primeras obras de caridad de la villa y corte de Madrid, amparada por el rey Felipe III, y agregada a la Casa de la Santísima Trinidad Calzada de la calle Atocha. Esta esclavitud revela el espíritu mariano de San Simón de Rojas y su particular devoción al Dulce Nombre de María. El padre Rojas era conocido en Madrid como el "Padre Ave María", ya que propagó este saludo que hacía continuamente a lo largo del día. Siendo Ministro Provincial de Castilla obtiene para su Provincia la celebración litúrgica del Dulce Nombre de María el 12 de septiembre y poco después, aprovechando sus contactos en la Corte, logrará del papa Gregorio XV la extensión de la fiesta litúrgica del Nombre de María a la archidiócesis de Toledo y a los trinitarios del resto de Provincias de España.

Trisagio, del griego "tris-agion", tres veces santo. No está claro el origen de este rezo en honor a la Santísima Trinidad. Algunos lo han llevado hasta la época profética, ya que se compone en parte del texto de Isaías 6,3. Se comienza a introducir en la liturgia del Oficio Romano en las preces de Prima, ampliándolo los ritos orientales a todos los Oficios.

El nombre de Trisagio se da a la aclamación de alabanza "Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal", testimoniado por primera vez en el Concilio de Calcedonia (451). A veces se le dio sentido sólo cristológico, pero las más de las veces trinitario, como alabanza a Dios Trino. En los ritos orientales, sobre todo en el bizantino, tiene su lugar en la procesión de entrada en la misa, como también sucede en los días más solemnes del rito hispánico. En otras liturgias orientales, se canta antes de las lecturas bíblicas. En la liturgia romana se ha conservado sólo el Viernes Santo, durante la Adoración de la Cruz. Otra modalidad que también se puede llamar Trisagio es la aclamación de la Plegaria Eucarística "Santo, Santo, Santo".

Poco a poco va adoptando forma de oración independiente de los ritos litúrgicos. La Orden Trinitaria ha extendido este rezo devocional y lo ha incorporado a la oración diaria de sus comunidades y religiosos hasta nuestros días.

Trisagio breve

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

V. Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal.
R. Ten piedad de nosotros.

V. Padre nuestro...
R. Danos hoy...

V. A ti sea la alabanza, a ti la gloria, a ti la acción de gracias por los siglos de los siglos, oh Beatísima Trinidad.
R. Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo, llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

(Se repite tres veces "A ti sea la alabanza..." con su respuesta. En el trisagio largo se repite nueve veces)

(Se repite dos veces más desde "Santo Dios, Santo fuerte...")

V. Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal
R. Ten piedad de nosotros.

V. Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal
R. Ten piedad de nosotros.

V. Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal
R. Ten piedad de nosotros.

V. A ti, Dios Padre Eterno,
R. a ti, Hijo Único, a ti Espíritu Santo Defensor, santa e indivisible Trinidad, te confesamos con el corazón y con la boca, te alabamos y te bendecomos, a ti la gloria por los siglos.

V. Bendigamos al Padre, y al Hijo, con el Espíritu Santo.
R. Ensalcémoslo por lo siglos.

V. OREMOS. Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación, para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su Unidad todopoderosa. Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.