SAN JUAN BAUTISTA DE LA CONCEPCIÓN

LA ALTERNATIVA DEL REFORMADOR TRINITARIO

Por Ángel García Rodríguez, Sevilla

 

 

EL CARISMA CONTINÚA CON JUAN BAUTISTA

En el marco de este mes de febrero en que los Trinitarios nos disponemos a celebrar la fiesta de San Juan Bautista de la Concepción, conozcamos las aportaciones de este santo a la Orden Trinitaria y a la Iglesia.

La figura de Juan Bautista supuso en un duro camino de luces y sombras, una respuesta y alternativa de la Orden Trinitaria a la Reforma pedida por el Papa y el Concilio de Trento. En Juan García Rico vemos a un trinitario de cultura excelente. Será un gran predicador. Se ha escrito de él: “Tuvo palabra fácil, santidad de vida reconocida por todos en la Orden y fuera de ella, erudicción de doctrina, grande aceptación del público y no menor provecho que sacaba de las almas”. Movido por el Espíritu Santo, inició la Reforma de la Orden y la llevó a término con la aprobación de la misma por el papa Clemente VIII el día 20 de agosto de 1599 realizó personalmente muchas fundaciones.

Importante figura de la literatura y mística española, en sus escritos, de carácter, autobiográfico, narra la historia de la Descalces Trinitaria y trata con profundidad los más variados temas ascéticos y místicos. Murió en Córdoba el 14 de febrero de 1613. Allí, en el convento e iglesia que él fundara, descansan sus restos. Fue beatificado por el Papa Pío VII el 26 de septiembre de 1819 y canonizado por el papa Pablo VI el 25 de mayo de 1975.

Destinatarios de la caridad de la Orden: pobres y cautivos

Conocer en verdad la figura de Juan Bautista significa situarlo en un siglo de cambios y reformas de la Iglesia. Juan Bautista intenta en primer lugar a través de las casas de la Recolección emprender la Reforma dentro de la Orden Trinitaria. Pero al no aceptarla los calzados, emprende la reforma fuera de la estructura de la Orden teniendo en cuenta la Regla Primitiva de Juan de Mata. Él busca volver a los orígenes del carisma, volver a los destinatarios de la caridad redentora de la Orden. Para hablar de dichos destinatarios en san Juan Bautista, debemos situarnos en Valdepeñas, un pueblo manchego de España, cuna de la Descalcez y Reforma Trinitaria. Hemos de acercarnos al santo con el Breve de la Reforma organizando su pequeña comunidad. También hemos de adentrarnos en la concepción que san Juan Bautista tenía del religioso trinitario y teniendo presente la Iglesia y mentalidad del siglo de oro en España. La mística reinante, el espíritu misionero, la verticalidad en todos los sentidos.

Cómo en Juan de Mata, las raíces de Juan Bautista de la Concepción están en el Evangelio. Cristo es el manantial de la obra redentora de la Orden, “pues por haberse Cristo puéstose en la cruz a ser salud y salvador de los hombres, la Orden ha escogido de aquella salud y la quiere dar y repartir a los pobres y salvar y librar a los cautivos” (III, pag. 90). No cabe duda que la Reforma tenía que consistir en volver a los orígenes, volver al carisma del Fundador, actualizado en los siglos XVI - XVII donde él vivía, pero con el Carisma del Fundador, “esto es lo que digo yo, que en la religión que se reforma se saque el primer espíritu, que aquello primero es lo que Dios quiere honrar y despertar” (III, pag. 940), y más adelante sigue: “nuestro primer vestido fue curar pobres y redimir cautivos” (III, pag. 943). “En Roma, …., nuestros santos padres fundadores hicieron la primera casa y convento y empezaron a ejercitar el oficio de la hospitalidad y a redimir cautivos”(III, pág. 30).

Para san Juan Bautista, los cautivos son los cristianos que están cautivos, como nos dice él “los pobrecitos e inocentes cristianos sobre los que los moros ejercitan tiranías y rabias”. Juan Bautista vive en una atmósfera de cristiandad, en la España de los siglos XVI, XVII, con ansias misioneras, tenía muy presente, a muchos cristianos que tristemente en esas circunstancias reniegan de su fe. De su ardor misionero, para que no abandonen su fe, surge su ardor redentor.

Curar pobres y sanar enfermos

El otro elemento conductor que Juan Bautista toma del carisma fundador son los pobres y enfermos: “Curar pobres y sanar enfermos es un mandato de la regla”. Juan Bautista, mirando a su alrededor y siguiendo a la regla y a la tradición de la Orden, nos señala como destinatarios del trabajo apostólico a “los enfermos que no tienen dueño, porque todos los dejan desamparados”, los que carecen “de bienes materiales” y el que está “como un leño caído en el suelo”, las personas que “el mundo tiene desechadas”, los pobres “desamparados y menesterosos” y los que “andan abatidos por el suelo”. Una larga lista y que pocas diferencias tiene con las carencias de las personas de nuestro tiempo.

¿Qué solución propone Juan Bautista?. Pues no podía ser otra: compartir, “dice nuestra regla que partamos lo que nos dieren con los pobres y cautivos”, de suerte que demos, “mis hermanos, no solo las sobras, sino de lo necesario, partiendo con los pobres nuestro pan y nuestra comida”. La regla “no sólo quiere que demos de las sobras, sino de lo necesario quiere que quitemos a nuestros cuerpos y no pasemos con menos, a trueco de lo que los prójimos extraños tengan algo para su remedio” (III, 60).

Volver a los orígenes

Verdaderamente el espíritu de Juan Bautista era volver a los orígenes, según el carisma del fundador. Con cuanta gracia nos narra, para resaltar la caridad que se manifiesta en la regla, que hasta el religioso debe caminar en sus desplazamientos, aunque tenga que sufrir alguna incomodidad, en lugar de alquilar un burro para ahorrarse un real que poder utilizar para los pobres y cautivos, para evitarles a ellos alguna incomodidad.

Utiliza unas imágenes preciosas para expresar esta realidad del carisma trinitario. Dios que se hace cemento, él dice argamasa, con el pobre. “Oh que mezcla, mis hermanos y hermanas, Dios y el pobre; contemplar a Dios en el pobre y en el pobre a Dios”. Y así será Religión, Orden religiosa, llena y honrada y favorecida, porque tiene a Dios por su esposo y marido y tiene a los pobres por hermanos”.

Siendo la Orden de la Santísima Trinidad, la mayor gloria del trinitario es constituir Trinidad, hacerse Trinidad, y lo consigue con Dios y el pobre. “¡OH santo Dios mio! Ámete yo mucho y quiera mucho a los pobres. Que aunque yo no merezco entrar en tal compañía, tú que eres misericordioso y gustas que tus obras sean perfectas y acabadas, gustarás de que entre porque sea Trinidad: Dios, el pobre de bienes temporales y yo, pobre de bienes espirituales” (III, 101).

Es la concretización del carisma de Juan de Mata para el tiempo del Reformador. Es la conclusión a la que él llega, para él y para toda la Orden. Los pobres y los cautivos son el bastón para el trinitario, dice san Juan Bautista: “en él te arrimas y con él en caridad te levantas”. La caridad es el fundamento liberador de la Orden, es evangelio vivido, lo que nos pide Jesús. Y terminamos con una frase que nos tiene que hacer pensar a los miembros de la familia trinitaria, “La caridad con los pobres nos protege de la asfixia de las riquezas, por lo que “ningún camino hay tan cierto para que esta religión crezca y multiplique como ese, el servicio a los pobres y cautivos” (II, 1118).

Al servicio de los perseguidos

El camino recorrido por los dos juanes trinitarios, el fundador y el reformador, lleva a la misma meta: Dios Trinidad y los pobres y cautivos. Así el papa Juan Pablo II, en su carta al P. General de la Orden, con motivo de octavo centenario de la aprobación de la Orden Trinitaria, nos clarificaba en el año 1998 cual es el carisma trinitario y su fundamento: “La Santísima Trinidad fuente, modelo y fin de toda existencia, es el corazón de la espiritualidad trinitaria. De ella brota la misión a favor de los esclavos y de los pobres como prolongación de la acción redentora de Cristo. Defensores de la dignidad de todo ser humano. Ser epifanía de Cristo Redentor. Servicio de misericordia y redención a los excluidos y oprimidos. Y de manera especial a los perseguidos o discriminados por causa de su fe religiosa, de la fidelidad a su conciencia o a los valores del Evangelio”.

También el Papa Francisco con motivo de los centenarios trinitarios nos invitaba a “primerear entre los pobres y cautivos”: “Todos estamos llamados a experimentar la alegría que brota del encuentro con Jesús, para vencer nuestro egoísmo, salir de nuestra propia comodidad y atrevemos a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio (cf. Evangelii gaudium, 20). Esto fue lo que hicieron con su vida y coraje apostólico san Juan de Mata y san Juan Bautista de la Concepción. Ellos, que llevaban unas existencias religiosas, respetables, aunque tal vez un tanto acomodadas y seguras, recibieron de Dios una llamada, que los volvió del revés y los empujó a gastarse y desgastarse en favor de los más necesitados, de los que más padecían por proclamar su fe en el Evangelio, de aquellos a los que se les quería robar esa alegría” (Papa Francisco).

Todo ello indica que el proyecto trinitario redentor que Juan de Mata puso en marcha en la Iglesia, y Juan Bautista renovó y revitalizó, tiene hoy una enorme proyección en la historia y sociedad. El carisma y la espiritualidad trinitaria se configuran así en la Iglesia con carácter “familiar”. El proyecto todo es obra del Espíritu desde hace más de 800 años. El proyecto nació con sello familiar, como Familia Trinitaria.

Ángel García Rodríguez O.SS.T
Sevilla

 

  

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