S. JUAN BAUTISTA DE LA CONCEPCION

HOMILIA- I

Exégesis: Mateo 16, 24-27.

Nos encontramos en el primer anuncio de la pasión y resurrección. La fórmula «a partir de entonces» ya la habíamos encontrado: «desde entonces comenzó Jesús a proclamar» (4, 17). Jesús le aca-ba de recordar a Pedro que no se ponga delante de Él como un obstáculo, sino detrás como un discípulo: «Ponte detrás de mí». La segunda parte de esta perícopa es el Evangelio de hoy, que explica y amplía lo dicho a Pedro repitiendo una llamada vocacional: «Quien quiera seguirme […] y me siga». Renunciar a uno mismo sugiere la idea de dejar el propio proyecto, la propia mentalidad, para vivir según el proyecto de Dios. «Cargar con su cruz»: no sólo ser capaces de sufrir por la causa de Jesús, sino sobre todo optar por una vida orientada a la voluntad del Padre. Una vida que tiene como centro la entrega total, al igual que Cristo.

Quien opta por la cruz de Jesús ha ganado su vida, aunque a los ojos humanos parezca que la pierde. Esta vida celestial tiene un valor muy superior a la terrenal que aquí deja. El seguidor de Jesús, con la práctica de un discipulado fiel, recibirá el premio prometido a sus desvelos.

«Si uno quiere salvar su vida, la perderá». Hay frases que lo dicen todo. Palabras tan paradójicas, pero con las que Jesús te invita a vivir como Él: agarrarse ciegamente a la vida puede llevar a perderla, arriesgarla generosamente lleva a salvarla. El discípulo no puede convertir el deseo de salvar la vida en el objetivo de su existencia; la vida de verdad, que trasciende la presente, es un regalo del Hijo del Hombre. La adhesión a Jesús que nos «descentra» de nuestro yo, nos fragua como creyentes y nos hace vivir como comunidad de discípulos nacida de Él.

Comentario

1. San Juan Bautista de la Concepción: un hombre descentrado de sí mismo por Dios, por la Reforma.

«Venid detrás de mí ». Deja de lado tu proyecto de vida, tu mentalidad, vive según el proyecto de Dios. No conviertas el salvar tu vida en el objetivo de tu existencia. Morir biográficamente para vivir biológicamente en el proyecto de Dios que en él bullía. En el interior de la biografía del Reformador se va gestando un proyecto que apunta a un fin distinto del de su itinerario externo de fraile calzado. Con los carmelitas de Almodóvar, frailes pobres, descalzos y recogidos, aprende algo más que gramática.

El 28 de Enero de 1596 sube como predicador calzado al púlpito de Sevilla; lleno de Dios y de hábito trinitario, baja descalzo. Predica un raro sermón sobre las excelencias de la Orden Trinitaria. En ese mismo momento, en Valdepeñas, los hábitos calzados se tornan descalzos. Sin embargo, él resiste abiertamente su inclinación a la descalcez. Aún está viva su personalidad de calzado. Este su yo biográfico (predicador, elegante, propietario, calzado) que se convierte en pararrayos de tormenta a dos leguas de Écija es derribado cerca de una venta. Hace su opción definitiva: «Yo quedé recoleto…». Cambio que llega hasta la voluntad del Comisario. Descentrado ya de sí mismo, de su personalidad calzada, interpreta el sueño místico del crucificado en Valdepeñas. Con todas estas sensibilidades acumuladas se determina a ir a Roma. Son los primeros asomos de su vocación descalza en un proyecto de vida nueva. En él empeñará su nueva personalidad, la que acaba de aflorar a la superficie en su vida. Desde ahí relee ahora sus 36 años de existencia, desde esta voluntad de Dios.

Manuel Sendín, O.SS.T.


HOMILIA- II

RENOVACION BAUTISMAL

Los textos litúrgicos de la fiesta de San Juan Bautista de la Concepción tienen un marcado acento bautismal. La antífona de entrada es un texto de San Pablo que alude implícitamente al Bautismo: El hombre nuevo que actúa bajo la acción del Espíritu adopta una nueva manera de pensar y de actuar. Renovación constante en nuestra manera de ser y hacer pedimos en la colecta que la liturgia nos ofrece como oración alternativa. El texto de Pablo para la primera lectura es una exhortación bautismal a la comunidad de Efeso con una exigencia de unidad.

El dinamismo renovador del Bautismo es el fundamento último de toda renovación cristiana y, consiguientemente, del proyecto renovador del santo reformador de los trinitarios: ingresó en la vida religiosa con el deseo de identificarse con Cristo crucificado; pasó a la recolección con el compromiso honrado de vivir el espíritu de la Regla trinitaria; promocionó la reforma de la Orden. El texto litúrgico dice: “le fortaleciste con invencible valor para promover el espíritu de la Orden”

SU GOZO, LA LEY DEL SEÑOR
Admiremos la acción del Espíritu en Juan Bautista. La primera lectura proclama la santidad de Dios comunicada a nuestro Padre, junto a los dones de la ciencia y del celo apostólico, para servicio del prójimo.

¡Qué bien suena la frase que hemos proclamado en el salmo responsorial: “Su gozo fue la ley del Señor”. Dichoso fue siempre nuestro santo por cumplir la voluntad del Padre. Feliz porque escuchó la Palabra de Dios, la guardó en el corazón y la cumplió. Oportuno recordar las palabras de Isabel a la Virgen María:”Dichossa tú porque has creído”. El proyecto de vida del Reformador fue vivir, lleno del Espíritu, crucificado con Cristo, entregando su vida a la obra de la reforma trinitaria (fundaciones, vocaciones, estilo de vida, etc.): todo, para liberar al cautivo, cuidar al pobre y convertir al pecador.

CRISTO REDENTOR
La liturgia nos remite a otra línea fundamental de la biografía del Santo: Su inserción en el misterio de Cristo Redentor, sobre todo en los acontecimientos salvadores de su pasión y de su muerte. Recordemos aquello de si morimos con Cristo, viviremos con El. . El célebre predicador en Sevilla, padre Juan Bautista, pierde honra y buen vivir (paso de la ciudad Sevilla al pueblo de Valdepeñas,), el frailecillo aturdido en Roma, elige el camino de las dificultades en lugar de la vida fácil que se le ofrecía; y así, poco a poco, con tesón, encuentra el tesoro escondido del sentido redentor de su vida de trinitario descalzo. Carga con la cruz de Cristo para realizar la misión de comunión de vida en su reforma, conforme al espíritu de San Juan de Mata, plasmado en la Regla primitiva de la Orden.. Lucha porque en sus comunidades sea realidad la comunión eclesial: Un solo Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios Padre, un solo Cristo Jesús, raíz de todos los servicios y ministerios en la casa de la Santa Trinidad y de la redención de los cautivos.

UN DON DE DIOS
La liturgia de la fiesta nos invita a dar gracias al Padre, por Cristo en el Espíritu, por el don del Reformador: “Tú has dado como regalo a tu Iglesia a San Juan Bautista”. Regalo, sí, por el testimonio de su vida y por su bella y extensa doctrina que induce a los que llevamos el nombre glorioso de la Santa Trinidad al amor al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

EN ORDEN A NOSOTROS
Es digno se resaltar lo que la liturgia pide para nosotros. Nos recuerda los compromisos de vida que debemos asumir en nuestras vidas si queremos proyectar hoy la espiritualidad de San Juan Bautista. Fortalecidos y animados por el Paráclito, debemos emprender el camino de una conversión seria y profunda para ofrecer al mundo los frutos de buenas obras, creciendo en la comunión con el Jesús del Evangelio y viviendo según el Espíritu, para liberar al hombre oprimido: La gloria de la Santa Trinidad es que el hombre sea libre.
A nosotros hoy también nos apremia el dinamismo en el Espíritu que nace de nuestro ser de bautizados en el nombre del Señor Jesús para cumplir la voluntad salvadora del Padre. La memoria festiva del Reformador nos compromete a vivir llenos de celo apostólico, comprometidos de verdad a favor de los hombres oprimidos y excluidos de nuestra sociedad, para cada día estar más próximos a la comunión en la justicia y en el amor con todos los hombres, nuestros hermanos.

Juan Bautista nos ofrece un mensaje de renovación, de visión de futuro (comienzo del siglo XXI) para una comunidad cristiana que tiene que dejarse evangelizar para poder evangelizar el mundo posmoderno. Nos lo ha recordado el prefacio: Juan Bautista, con su ejemplo y doctrina, nos invita hoy a vivir a pecho descubierto el evangelio. Y el camino es claro y tajante: para nuestra misión evangelizadora debemos centrarnos, bajo el impulso del Espíritu, en Cristo, para gloria del Padre. O lo tomamos o lo dejamos. De mediatintas, nada. Esta es la gran cuestión y la terrible responsabilidad, sí, de la Iglesia, y también de cada cristiano: de ti…, de mí…

PASO A LA EUCARISTIA
San Juan Bautista nos acompaña para que, contando con la presencia del Espíritu, el pan y el vino sean hoy para nosotros símbolo eficaz de nuestra unión al misterio pascual de Cristo, memoria viva y eficaz de la entrega de nuestra vida en rescate de los hermanos que mueren de hambre. El día del ayuno voluntario no es sólo dejar de comer unos alimentos, es vivir en solidaridad globalizada, como el Cristo de la Eucaristía, para que los hombres no mueran de hambre, sino que puedan comer dignamente, como nosotros, el pan de cada día.

Juan Manuel Ruiz Memendi, O.SS.T.
 

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